martes, 7 de abril de 2009

CAPITULO 1


Otoño en Buenos Aires.
La vida pasó a ser aquello que sucede a los demás.
Empiezo así. No sé cómo continuar.
Conectar la computadora por las noches para encontrar personas que tengan los mismos intereses que yo fue una de las prescripciones. Sin embargo, decidí encontrarme a mí mismo.
Debo descubrir quién soy, ahora que dejé de ser quien era.

“Antes de tratarte como un psiquiatra a un paciente te trataré como un hijo a su padre”. Fue lo que dijo Gus, cuando vino el viernes, al encontrarme aún en pijama a las cinco de la tarde.
Con aire sobrio y eficiente en el rostro donde todavía veo la expresión ingenua de mi niño, y que por eso siempre me sorprende aunque reconozca su competencia profesional, me prescribió una serie de actividades con las cuales se supone que me mantendré ocupado y que, según su parecer, darán mejores resultados que antidepresivos y pastillas para dormir: una caminata diaria por la mañana, almuerzo fuera de casa, siesta, salida para hacer algo preciso y anticipadamente programado como ir al cine, a un museo, a las compras, llamar a Teresa todos los días, encontrar a los amigos en algún café. Le dije que eso era un programa de vida para jubilados.
“Vos estás jubilado, papá, solamente aún no lo aceptaste”, respondió pacientemente. “Extrañás el trabajo”.

Es a mí mismo a quien extraño, hijo. Lo pensé pero no se lo dije.
¿Dónde está mi trinchera? No la encuentro en medio de esta paz y no sé vivir fuera de ella. Miro a mi alrededor en esta sala sustraída al tiempo y puedo escuchar el silencio que atraviesa las cosas acomodadas en sus sitios. Nadie me necesita aquí adentro. Afuera, nada depende de mí. En ningún lugar del mundo hay algo que esté a la espera de mis ojos, de mis manos o de mi mente para ganar vida o revivir. ¿Dónde están mis armas de batalla, mis compañeros, mis adversarios? Mi Montblanc Meisterstück, mi agenda de audiencias, los rimeros de exhortos, las pilas de procesos, el ajetreo del tribunal, los plazos con su maldición de prescripciones, los divorcios pregonando elecciones insensatas, las luchas por los hijos, por las casas en la playa, por el coche y por los ajuares, las razones o la sinrazón de los que abandonaron, los que fueron abandonados, los que se arrepintieron demasiado tarde, los que prometieron y no cumplieron, los que pagaron un precio demasiado alto por equivocarse.

Sr. Juez Gustavo Ortiz Jiménez, ¿dónde está tu trinchera?

El sábado Gus vino a buscarme para ir a jugar tenis y el domingo fui a almorzar con su familia. No tengo paciencia para escuchar las exageraciones de su suegro sobre sus proezas de pescador de sábado. Todos los pescadores son mentirosos. Como los abogados. Los viejos zorros mienten porque es lo que saben hacer, porque es para lo que les pagan. Los jóvenes mienten porque todavía no descubrieron la verdad. Los que van en medio del camino entre la confianza en la justicia y el descrédito en el sistema se mienten a sí mismos porque si no lo hiciesen no conseguirían levantarse por las mañanas para ir a trabajar. Lo que salvó el domingo fue la pequeña Ariadna, entusiasmada por haber decidido que va ser administradora de empresas. Alguien tiene juicio en esta familia. Sin embargo todavía le faltan dos años para la Universidad. Espero que no cambie de idea.
Hoy intenté cumplir el programa, sin que de eso me adviniera ninguna satisfacción. Lo único bueno fue hablar con Teresa que está en África fotografiando gorilas, pero no siempre puedo contactarla. Desde hace mucho está establecido que es mi hija quien me llama cuando puede, cuando tiene acceso a un teléfono, cuando tiene red para el móvil.
A veces pienso que Teresa se parece a su madre. Ella también tenía espíritu aventurero aunque no le proporcioné la oportunidad de más hazañas que las de ser madre de familia y ama de casa. ¿En qué pensaría mientras nos cuidaba a todos con aire de quien no querría hacer otra cosa en la vida? A veces le veía levantar los ojos del libro que acostumbraba a leer después de la cena, mientras yo trabajaba en los procesos que traía a casa, y quedarse mirando a algo que solamente ella era capaz de ver en un punto cualquiera en la pared, en un diseño en la alfombra, en un pliegue de la cortina, como si hubiese viajado para un lugar distante donde nadie podía alcanzarla. ¿En qué pensaría cuando se quedaba absorta en sus pensamientos? ¿Con qué tierras lejanas y héroes fascinantes soñaría por las noches? Nunca le pregunté. Pero siempre me sorprendía la jovialidad de su aspecto por las mañanas, aun cuando las arrugas le quebraron la lozanía de la piel y sus cabellos se volvieron grises como sus ojos. También tenía en el rostro esa expresión de quien conoce una felicidad añeja y cálida que a los demás está vedada en aquella mañana en que no se despertó. Nunca lo había pensado, pero tal vez haya viajado tan lejos en su sueño que su corazón decidió no volver.

Paro aquí.
Es lo que pasa con uno cuando se sienta delante de una computadora para hablar consigo mismo: acaba con ganas de llorar.

**********

Estoy harta. Harta. Con un hartazgo miserable que me nace en las honduras del vientre, adquiere fuerza y tamaño de titán y escapa por mi boca lacerando cuanto hay de educado sometimiento a mandatos, compromisos y demás yerbas en mis castigadas intimidades.
Debo estar vieja. Sí. Decididamente. Sólo eso explica que vuelva a llevar un diario después de cuarenta años de haber abandonado el que empecé a escribir a los dieciséis y dejé a los veinte, cuando sucedió aquello con Aníbal. Pero he decidido seguir el consejo de Ester. Ella me dijo: -¿Por qué no escribís todo eso que te pasa? Puede ser una magnífica terapia, Marta. Sé espontánea, volcá todo lo que se te atraviesa por la mente. Te servirá como catarsis cuando escribas, y luego, al releer, te ayudará a entenderte, a clarificarte. Si eso no te da resultado, tendrás que buscar ayuda, consultar a un psicólogo.
Desde que me dijo eso no dejan de darme vuelta en la cabeza los versos de Rodó: "De la dichosa edad en los albores /amó a Perrault mi ingenua fantasía /mago que en torno de mi sien tendía/gasas de luz y flecos de colores... y hoy, ¡cosa extraña! /¡vuelvo a Perrault, me reconcentro y río.!". Pero yo no me río.
Querido diario, aquí estoy. Bueno, no seamos hipócritas. Querido nada. Diario. A secas.
¿Qué decir? Creo que tengo un cansancio moral espantoso. Estoy harta de mí, harta de mis hijos, harta de la vida, harta de todo.
La voz de Rodó me persigue empecinada como un remordimiento. Qué hermoso soneto. Lo leí por primera vez cuando tenía doce años, estaba en el libro de lectura de sexto grado. Y creo que se lo enseñé a todos mis alumnos a través del tiempo, aunque debo decir que a la mayoría no le gustó. Cómo extraño el colegio. A veces me arrepiento de haber pedido licencia, pero la cosa ya no daba para más. Primero filmaron al director acomodándose la bragueta, y lo subieron a Youtube. Después le rasgaron la falda a Beatriz, sorprendiéndola justo cuando se dio vuelta para señalar en el mapa dónde estaban los fiordos, y hasta vendieron las fotos a cinco pesos en el bar de la esquina. Cuando le sacaron el diu de la cartera a Flavia, supe que eso no iba más. Pobre. Tuvo que pagar la mitad de su sueldo para que se lo devolvieran sin hacer escándalo. No se puede manejar a los alumnos con amonestaciones o suspensiones por dos días. O será que estoy vieja. No es lo mío. Durante años los alumnos nos respetaron, me respetaron. Ahora todo se desbordó.
Bueno, eso no es lo peor. Con las traducciones me las arreglo bastante bien. Y no falta tanto para jubilarme. Las expensas treparon por las nubes, pero por el momento voy tapando cada agujero a su debido tiempo, sin pedirle nada a los chicos.
Eso tampoco es lo peor.
Lo peor es... ¿qué es lo peor?
**********

19 comentarios:

  1. Estupendo. Venga, adelante con la iniciativa, estámuy bien, un abrazo.

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  2. Gracias, Carlos. Es muy estimulante tu comentario. Otro abrazo para ti.

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  3. Que siga que está muy buena, entretenida se lee my rápido y se mete uno en la vida delos personajes. Felicitaciones a las dos mejore escritoras de la web, que sorpresa, que maravilla, aquí les espero con la vista larga para saber más, está entretenida, estoy entretenida leyéndoles.

    Abrazos gordos para ambas.

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  4. Felicidades por la iniciativa. Os deseo muchísimo éxito en vuestro proyecto. Un besazo

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  5. Maravillos leerte. Felicitaciones y suerte. y que tu proyecto sea una realidad estimulante. Un abrazo!!

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  6. Os felicito la idea me parece genial, lo malo es que vais a tener que escribir deprisa, estoy deseando leer las siguientes ...

    Un abrazo

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  7. Un placer enorme que te esté gustando,Cielo. Gracias por estar.

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  8. Gracias por tus buenos deseos, Alma. Y esperamos que este proyecto sea de vuestro agrado.

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  9. Nos encanta que quieras más, Silencios. Y creo que vamos a poder satisfacerte. Gracias por estar.

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  10. Excente propuesta. Un texto ágil y personajes bien creados. Me agradará leerlas en adelante. Felicidades.

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  11. Me gusta! El estilo fluido y esos personajes como se nueven en el texto.

    Un abrazo

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  12. Y a nosotras nos gusta que te guste, Marcos. Un abrazo también para ti. Te esperamos.

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  13. Claudia: un gusto enorme contarte entre nuestras lectoras. Muchas gracias.

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  14. Un gusto contarte entre nuestros lectores, nieto de jan.

    Saludos cordiales

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